domingo, 7 de agosto de 2016

Estados Unidos y la construcción de la comunicación y el marketing político moderno


Por Decio Machado / Experto en análisis político y comunicación
Para Kamunikacyjnaje Ahienctva 

La génesis del marketing político moderno tiene sus orígenes, como no podía ser de otra manera, en Estados Unidos. Vender un producto es vender una idea y eso significa encontrar una forma adecuada de transmitirla. Cómo, cuándo, dónde y a quién forma parte del arte del marketing, lo cual pasa por definir estrategias y procesos adecuados para lograr ese objetivo. Aplicar parte de estas técnicas al mundo de la política ha sido cosa de profesionales del sector durante toda la última mitad del pasado siglo y lo que llevamos de este con cada vez más desarrollo de técnicas avanzadas y disposición de herramientas para masificar la comunicación.

La importancia del marketing político moderno en la principal potencial mundial tiene su arranque y desarrollo inicial en menos de diez años, más concretamente entre las elecciones presidenciales de 1952 y las de 1960. Es a partir de entonces que el marketing político comienza a tomar las formas que en la actualidad conocemos.

Como decía al comienzo, el mundo de la política conoce muy bien las aportaciones del buen marketing comercial para lograr que se impulse una ley, ganar adeptos para un partido u opción política o conseguir que alguien acceda al legislativo o la presidencia de un país. En ambos casos se busca vender el producto/candidato al consumidor/elector, fidelizar al cliente/votante, ganar clientes/adeptos, sin ignorar que tanto consumidores como votantes tienen al final la misma forma de tomar sus decisiones sobre compra o voto.

Los principales objetivos del “mercadólogo” electoral consisten además no solo en ganarle a la competencia, si no también crear una buena imagen del candidato/producto y su marca/partido (branding). Por lo tanto, el principal reto de la mercadotecnia político-electoral moderna consiste en diseñar, en un período muy breve de tiempo y un proceso de alta competencia, un candidato, su campaña, su mensaje y compromisos, buscando no sólo las demandas de la población sino una oferta suficientemente aceptable y confiable como para captar el voto.

Lo anteriormente reseñado deriva de tres elementos que pasamos a identificar como motores del desarrollo de la comunicación y el marketing político en Estados Unidos: el modelo de primarias existente en el sistema electoral norteamericano desde los inicios del pasado siglo XX; el alto desarrollo técnico del marketing comercial y la histórica tradición de “comunicación política” establecida desde el siglo XIX en este país; y la amplia penetración de los medios modernos de comunicación de masas en el conjunto de la sociedad estadounidense.

Vayamos desarrollando estos tres elementos por partes:

El sistema electoral estadounidense: las primarias previas a la elección de candidatos presidenciales

El sistema electoral norteamericano se caracteriza por el hecho de que los dos grandes partidos que se disputan históricamente el sufragio de los estadounidenses desde el siglo XIX arrancan sus campañas en un proceso de primarias internas. La evidencia empírica muestra que las primarias han fomentado la competencia electoral y que en la práctica implican una duplicación del tiempo de campaña.

De igual manera, las lógicas de las primarias hacen que gran parte de la población estadounidense participe en un proceso previo de elección del candidato o candidata de cada partido con el que simpatizan. Es así como se construye lo que podríamos denominar un “superconsumo” de la comunicación y el marketing político en Estados Unidos, generándose en paralelo sofisticadas técnicas por las cuales estas disciplinas tienden a apoderarse de los titulares en los medios de comunicación nacionales e incluso globales durante casi todo el año previo a los comicios electorales.

El desarrollo de la comunicación y la mercadotecnia política como herramienta de captación de votos

Si bien es cierto que el sistema de elección de candidatos presidenciales en Estados Unidos mediante el sistema de primarias propicia el desarrollo prematuro de las estrategias de marketing político, también lo es que lo que conocemos como “comunicación política” tiene una larga tradición en el territorio norteamericano.

Haciendo historia podemos recordar como ya en el siglo XIX, a medida que el ferrocarril extendía sus vías hacia el Oeste, los aspirantes presidenciales en Estados Unidos recorrían sus raíles para salir al encuentro de sus electores. En los anales de la historia están tanto los relatos de cómo se construyó el primer ferrocarril transcontinental de los Estados Unidos –uniendo Omaha (Nebraska) con Sacramento- como registrados también los emotivos discursos que desde estos vagones emitía Abraham Lincoln estación tras estación, lo que sin duda contribuyó a su holgada victoria en las elecciones de noviembre de 1860.

Llegado el siglo XX, inicialmente fue la radio la herramienta sobre la que se articularon las campañas de comunicación política. Las primeras emisiones radiales regulares datan de 1920, y ya en 1924 tanto el candidato demócrata John W. Davis como su rival y a la postre ganador de esas elecciones, el republicano Calvin Coolidge, pasaron a contratar tiempo de emisión radial con la finalidad de difundir sus discursos entre el electorado.

Sería en 1928 cuando aparecerían las primeras publicidades políticas en el ámbito radiofónico. Los innovadores en este sentido fueron el bando republicano, aunque sería los demócratas cuatro años después quienes lanzarían con gran éxito las famosas “Charlas junto a la chimenea” protagonizadas por Franklin D. Roosevelt. Unos 60 millones de personas, uno de cada dos adultos, solía acercarse a la radio de sus hogares, talleres, cafeterías o locales comerciales cada mañana de domingo a escuchar Roosevelt, quien llegaría a gobernar durante cuatro legislaturas consecutivas. “Charlas junto a la chimenea” se convirtió en una herramienta exitosa de propaganda y comunicación política radial, pero además en la primera propuesta seria de rendición de cuentas periódicas ante la ciudadana por parte de un presidente mediante el uso de medios de comunicación masivos.

Pero las campañas de Roosevelt significaron también otras innovaciones en el ámbito de las herramientas auxiliares para la comunicación política. En ellas fueron donde por primera vez se utilizaron las hoy indispensables técnicas de encuestas de opinión, buscando tener un termómetro que le permitiera calibrar la evolución de su popularidad y los niveles de aceptación de sus políticas entre la población. Con base en ellas, Roosevelt fue capaz de construir mediante el apoyo de embrionarias agencias de publicidad, eslóganes simples pero contundentes en sus campañas e incluso los primeros atisbos de publicidad negativa respecto a sus contrincantes.

El desarrollo de los medios de comunicación masivos

La penetración de los medios de comunicación en la sociedad estadounidense le lleva ventaja histórica a lo que ha sucedido y sigue sucediendo en el resto de países del sistema mundo.

En este sentido, cabe reseñar que ya en 1952 cerca del 40% de los hogares estadounidenses disponía de un receptor de televisión, cifra que alcanzaba cuotas del 60% en la parte nordeste del país. Si comparamos estos datos con Francia, posiblemente el país políticamente más culto de la vieja Europa, veremos que en tierras galas no se alcanzaría el 50% de hogares con televisión hasta 1968.

La lógica de mercado y la libre competencia que ha caracterizado el sistema económico estadounidense, conllevó también el desarrollo de avanzadas técnicas de marketing comercial (en 1952 se desarrollaría la primera campaña de marketing comercial mediante el uso del correo) de donde fueron derivando las especificidades propias del marketing político. La introducción del marketing político se produce con la elaboración de una política de comunicación política, es decir, de una estrategia global de diseño, racionalización y transmisión de la comunicación política moderna. Es así, que el auge del marketing político en Estados Unidos ha ido de la mano del crecimiento de la comunicación audiovisual y, en particular, del anuncio publicitario. Esto se acentuó a partir de la década de 1990 con el desarrollo de Internet, propiciando la sustitución del envío de cartas a través del correo convencional por emails, distribución de piezas o cápsulas de contenido político vía redes sociales, generación de páginas web de candidatos y partidos políticos, así como fomento de estrategias virales de comunicación digital.

Pero vayamos avanzando por el transcurso de esta historia…

Arranque embrionario de la comunicación y mercadotecnia política: década de 1950

La campaña presidencial de 1952 significa el arranque de lo que podemos definir como el marketing político moderno en Estados Unidos. Es desde el Partido Republicano de donde nace la idea de buscar una consultora de relaciones públicas llamada Batten, Barton, Durstin & Osborne (BBDO) para impulsar la candidatura del general Dwight Eisenhower. Para dicha campaña electoral, los republicanos también contratarían a un personaje pionero del marketing comercial audiovisual, el experto en mercadotécnica Thomas Rosser Reeves Junior, de la agencia Ted Bates. Era la primera vez que un partido político asignaba un presupuesto específico para la comunicación política en una campaña electoral. En Europa dicha estrategia no sería aplicada hasta más de diez años después, durante la campaña que ganó el laborista Harold Wilson en 1964.

Volviendo a la campaña de Eisenhower, la influencia de Reeves fue decisiva, utilizando las ondas televisivas para lanzar cuarenta y nueve anuncios publicitarios (cada Estado disponía del suyo) similares a los que en aquel momento se usaban en el marketing comercial de productos, y que partían de una pregunta que era contestada por el candidato presidencial. Dichos spots políticos aparecieron entremezclados entre los spots publicitarios durante las horas punta de audiencia televisiva, permitiendo gran difusión de estas piezas, pues su emisión no se limitaba al espectro de audiencia interesada en la política (https://www.youtube.com/watch?v=iRZ95dUDvBU).

Fue también Reeves quien simplificó el discurso de Eisenhower para que este fuera fácilmente entendido por el electorado, aplicando métodos derivados del Unique Selling Proposition (USP), lo que en castellano conocemos como “proposición de venta única” o “ventaja de producto diferenciado”. En la práctica las reglas de Reeves en comunicación consistieron en nunca desarrollar más de una categoría de argumentos en cada discurso o intervención pública de “Ike” Eisenhower, aunque a lo largo de la campaña dicha técnica fue evolucionando y tomando mayor complejidad. De igual manera Reeves utilizó por primera vez las encuestas (se contrató a George Gallup) para determinar que temas debían abordar cada uno de los anuncios (estos fueron la corrupción gubernamental, el costo de la vida y el conflicto en Corea). También se innovó en materia de campaña política por correo, pues fue la primera vez que se hicieron envíos masivos de cartas de un candidato presidencial hacia la ciudadanía.

Pero los adelantos en materia de comunicación y marketing político de Reeves no solo fueron con Eisenhower. Su binomio presidencial, Richard Nixon, inauguraría la posterior habitual táctica de hablar a los telespectadores mirándoles “fijamente a los ojos”.

El tándem Eisenhower-Nixon ganarías las elecciones de 1952 con casi 11% de votos de diferencia contra sus rivales demócratas a pesar de que el Richard Nixon sufriera durante la campaña fuertes acusaciones por malversación de fondos.

Sería ya durante la campaña electoral de 1956 cuando se generalizarían los anuncios publicitarios cortos en televisión, situándolos en franjas horarias populares. La novedad de esta campaña es que la firma Norman, Craig & Kummel (asesores de marketing del Partido Demócrata) incorporarían la estrategia los anuncios “negativos” sobre sus adversarios. Dicha estrategia consistió en golpear a Eisenhower –quien se había postulado para la reelección- recuperando imágenes y discursos donde asumía compromisos que no cumplió. En estos spots tras los compromisos incumplidos de Eisenhower aparecía un voz en off que preguntaba “¿cómo dice, mi general?” (https://www.youtube.com/watch?v=tE7-MQ06c2E).  Aún así el tándem Eisenhower-Nixon volvería a ganar las presidenciales de 1956, en esta ocasión con una ventaja superior al 15% de votos emitidos.

Para cerrar este primer período de innovación en comunicación y marketing político estadounidense, vale recordar la campaña presidencial de 1960, por la cual John F. Kennedy llegaría al despacho oval. En ella participaron dos profesionales de alta categoría como era el caso de Pierre Salinger (responsable de prensa) y Leonard Reinsch (responsable de asuntos audiovisuales). El demócrata Kennedy sería el primer político en someterse al aprendizaje de técnicas derivadas del media training, manejándose posteriormente en los debates televisivos de forma muy superior a su rival republicano Richard Nixon.

Para algunos fue 1960 el nacimiento de la comunicación política moderna, pues hasta antes de esta campaña a lo que habíamos podido asistir era al uso de algunas técnicas aisladas de marketing política en la publicidad política.  Sería a partir de la campaña de Kennedy, cuando se estructurarán y organizarán estas estrategias como un conjunto de técnicas y metodologías sistematizadas para la promoción de candidatos y partidos políticos durante y después de los procesos electorales.

Durante esta campaña el candidato republicado Richard Nixon aceptó cuatro debates televisivos en CBS frente a John F. Kennedy, pensando que su mayor experiencia le daría ventaja frente al aspirante demócrata. En la práctica, estos debates demostraron mayor soltura por parte de Kennedy y lo posicionaron ante una audiencia para la cual era hasta entonces poco conocido (https://www.youtube.com/watch?v=hdVHFESjTsE).

Durante la contienda electoral de 1960 los largos discursos en televisión fueron sustituidos por breves spots acompañados por un lenguaje ligero, directo, pero sobre todo emotivo. Además, la campaña demócrata innovó en materia audiovisual grabando spots con contenidos específicos dirigidos a las minorías hispanas existentes en el país (https://www.youtube.com/watch?v=Xu1BuGbq_i4).

En definitiva, el desarrollo de la radio y la televisión como transmisores de emociones políticas permitió el nacimiento de lo que más tarde se denominará “la sociedad del espectáculo”.

El desarrollo de la comunicación política durante los años 1964 y 1976

La campaña electoral de 1964 se desarrolla en lo que sería el comienzo del desastre estadounidense en Vietnam, enfrentando a Lyndon B. Johnson –que iba a la reelección tras haber sido nombrado presidente fruto del asesinato de John F. Kennedy- y al ultraconservador republicano Barry Goldwater. En esta campaña, el asesor demócrata en comunicación Tony Schwartz idearía un anuncio muy célebre conocido por el nombre “Daisy Spot”. En dicho spot, una niña desoja una margarita mientras cuenta del uno al diez de forma progresiva, cerrando su conteo con un zoom directo a sus ojos en lo que sería una mirada de angustia, tras lo que una voz en off cuenta regresivamente del diez al cero culminando en el estallido de una bomba atómica (https://www.youtube.com/watch?v=dDTBnsqxZ3k) y otra voz en off que dice “esto es lo que está en juego: hacer un mundo en el que todos los hijos de Dios puedan vivir, o ir hacia la oscuridad total. Debemos amarnos los unos a los otros o morir”.

El anuncio sólo se emitió una vez en horario de audiencia masiva, teniendo que ser retirado tras las protestas republicanas, pero dejó posicionado a Goldwater como un peligro público para la paz mundial. Los estrategas demócratas aprovecharon también una entrevista a Peggy Goldwater -esposa del aspirante republicano- en la Revista Howsekeeping, en la que esta comentaba que en momentos de tensión por problemas empresariales los nervios de su marido se quebraron por completo y tuvo dos colapsos nerviosos. ¿Cómo se podría pasar el poder nuclear de Estados Unidos a manos de una persona inestable? se preguntaba muy hábilmente a los electores desde la propuesta demócrata. A la postre, Johnson barrería en las urnas a su rival.

En la campaña de 1968 los avances en comunicación política tuvieron que ver con el desarrollo televisivo de primeros planos, derivados de las técnicas utilizadas por un entonces joven productor audiovisual cuyo nombre era Roger Ailes y que apoyó la campaña de Richard Nixon. El candidato republicano, aleccionado en materia de naturalidad ante las cámaras se dejó filmar cotidianamente durante la campaña, buscando planos que fomentasen su popularidad (https://www.youtube.com/watch?v=9aiGt2_4xy4). Nixon ganaría de forma muy ajustada, apenas por el 0,7% de votos, a su rival demócrata Hubert Humphrey.

Ailes fue posteriormente el creador de la maquinaria política republicana más influyente y poderosa en Estados Unidos,  la Fox News, de la que ha sido reemplazado muy recientemente por el mega empresario mediático Rupert Murdoch. Si bien fue con su asesoramiento a Richard Nixon como Ailes comenzó su carrera como asesor presidencial, esta se prolongó en el tiempo durante los mandatos de Ronald Reagan y de George Bush padre. De su mano, Fox News contribuyó a alimentar posteriormente la emergencia del Tea Party, haciendo de incubadora para el posicionamiento de personalidades ultraconservadoras como Sarah Palin y fue clave para que los republicanos tomaran el control de las dos Cámaras del Congreso en las últimas elecciones de Estados Unidos.

Más allá de su asesoramiento a Nixon en 1968, donde alentó al candidato presidencial a practicar la política del resentimiento, Ailes fue el introductor de la herramienta televisiva como una fuerza nacional en la política norteamericana y del surgimiento del populismo cultural como una característica clave del Partido Republicano a futuro. Al fusionar el poder de la televisión con determinados sentimientos enraizados en la población de Estados Unidos, logró evocar sentimientos de ira y resentimiento bajo una ideología con lógicas populistas con el objetivo de demonizar a las élites liberales del Partido Demócrata. Ailes fue uno de los impulsores las estrategias que en la actualidad están siendo reproducidas por el candidato republicano Donald Trump.

Junto a otros expertos en comunicación de la Casa Blanca durante el mandato presidencial de Nixon, Ailes transformó la forma de pensar de gran parte del público estadounidense respecto a la prensa. Bajo el argumento de que los medios de comunicación tenían un sesgo liberal irremediable. Fue el creador de los encendidos discursos del vicepresidente Spiro Agnew a finales de 1969, mediante los cuales se posicionó la idea de que los políticos conservadores y sus puntos de vista no recibían un trato justo en las noticias de cobertura nacional y esto le daba ventaja a la opción política demócrata. A través de un memorándum a los principales colaboradores de Nixon, Ailes llegaría a proponer la creación de un servicio de noticias de televisión propio de la Casa Blanca, por el cual se proporcionarían estaciones locales con segmentos de noticias administradas y producidas desde la presidencia con el fin de contrarrestar lo que consumen los espectadores a través de los canales de televisión convencional.

Sería en 1972, durante la campaña presidencial de George McGovern frente a Richard Nixon, donde un anuncio televisivo volvería a marcar la diferencia. En este spot se daba lectura a un largo texto en el que de forma aparentemente objetiva se denunciaba el aumento de precios de productos básicos que durante la última legislatura habían sufrido las familias norteamericanas, posicionado estos números sobre las imágenes de mujeres comprando en los supermercados. Dicho spot terminaba con el siguiente enunciado: “¿Dispone usted de recursos para permitirse otros cuatro años con el señor Nixon?”. En definitiva se trataba de una técnica desarrollada en el cine por Jean-Luc Godard durante los años sesenta y que buscaba mediante la combinación de datos numéricos comparativos impactar sobre los televidentes. Aunque el spot era afortunado, la campaña política de McGovern partió de complacer el ánimo de los simpatizantes tradicionales del Partido Demócrata antes de que tender puentes a el voto de potenciales conversos o desertores del voto republicano. Los estrategas demócratas, bajo el criterio de rechazar los resultados que arrojaban las encuestas de opinión y autoproclamándose intérpretes de una supuesta “mayoría silenciosa”, terminaron precipitándose a una estrepitosa derrota electoral.

Pero es en 1976 cuando la televisión vuelve a marcar diferencias en las estrategias político comunicacionales, reanudándose los debates televisivos e innovándose en todo lo relacionado con los anuncios de propaganda electoral. Se reposicionó con fuerza el marketing político bajo la asimilación de técnicas de publicidad comercial en el diseño, creación o redefinición de la imagen de los candidatos, donde se va imponiendo el criterio de la USP como modelo a seguir.

Dicha estrategia de venta, como ya indicamos con anterioridad, es utilizada para elaborar la imagen del producto político diferenciador y su simplificación. Se trata entonces de destacar un elemento diferenciado del producto que lo distinga de las otras ofertas políticas para ofrecerlo como la ventaja específica del mismo. Este elemento es adaptable, motivo por el cual puede ser la experiencia política al igual que la juventud de un candidato, por poner tan solo un caso contradictorio en sus contenidos. Pero además, la USP se traduce también en la simplificación de la imagen del producto como medida indispensable para lograr su masiva difusión y profundidad en el mensaje.

Ronald Reagan comenzó impactando con un spot para su promoción en las primarias republicanas donde se juntaban imágenes reales a su favor y una especie de simulación de noticias sobre él en un mismo plano. Este anuncio confuso, hecho con las técnicas propias de las imágenes informativas, se emitía sistemáticamente antes o después de los noticieros, con lo cual los televidentes no terminaban de diferenciar cuando terminaba la información y a partir de donde comenzaba el spot publicitario. De igual manera, los republicanos utilizarían también imágenes de confusión con los anuncios de Marlboro Man, de moda en aquella época, para promocionar a su candidato Malcom Wallop al Senado por el Estado de Wyoming (https://www.youtube.com/watch?v=6_x4DwhWk_g), quien aparecía con formas de un vaquero encabezando a un grupo de jinetes  cabalgando sobre un caballo blanco.

Pero para Reagan no llegaría aún su candidatura presidencial. La pugna electoral a las presidenciales fue entre el republicano Gerald Ford y el demócrata Jimmy Carter, y tuvo gran importancia en su desenlace nuevamente los debates televisivos (https://www.youtube.com/watch?v=TjHjU0Eu26Y). La balanza se declinó a favor de Carter, y se incorporaron por primera vez a este tipo de disputas sus respectivos binomios presidenciales (https://www.youtube.com/watch?v=OFrguDkzrmE), en aquel momento encarnados por el demócrata Walter Mondale y el republicano Bob Dole.

Carter ganaría aquellas elecciones por poco más del 2% de votos y sus estrategas electorales dejarían sentadas también algunas bases de lo que debe ser la capacidad de adaptación de las estrategias políticas previamente establecidas. Sería Pat Caddell, el encuestador de la campaña, quien le mandaría a Carter meses antes de comenzar dicha campaña un documento titulado “Documento de trabajo inicial sobre estrategia política”, aunque el término se le atribuye a Sidney Blumenthal, posterior asesor presidencial que tendría un destacado rol en el "caso de Lewinsky" años después. La idea partía de la importancia de una campaña permanente pero con líneas de acción flexibles, pues no es estrictamente en el período de campaña electoral donde se determina el voto de los electores. Es más, en muchos casos la mayoría de los votantes tiene claramente definido el voto antes del comienzo de la campaña, pero para conseguir mantenerlo o captar otros necesarios es necesario que se establezcan pautas en los medios de comunicación y se puedan ver el cumplimiento de promesas y los mensajes, la construcción de simbologías, imágenes o relatos, de manera que en el día a día se vayan dejando huellas sobre los electores en el marco de una competencia descarnada y miles de impulsos diferenciados en materia comunicacional.

A partir de la década de 1980 llega la madurez a la comunicación política

Podríamos aseverar que es desde 1980 cuando las campañas presidenciales estadounidenses pasaron ha caracterizarse por la primacía de la utilización de la televisión; la sincronización de todos los medios imaginables para comunicar y desarrollar marketing político electoral, incluyendo claro está los nuevos medios de comunicación; la simplificación de los temas de campaña y la consiguiente primacía de la técnicas derivadas de la USP; así como el mayor desarrollo de los anuncios negativos y hasta agresivos contra los rivales de campaña.

El desarrollo del ámbito televisivo propició que a partir de 1980 casi la mitad de las subvenciones financieras federales de ayuda a los candidatos se hayan gastado, sistemáticamente, en compra de tiempo en antena. Su primacía ha sido indiscutible hasta la campaña de Barak Obama en 2008, momento en el cual el desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información (NTIC) tomó también un fuerte protagonismo como herramienta central para la articulación de la motivación política y la masificación de mensajes.

De igual manera se mantuvo también la practica del llamado “debate decisivo” en los canales de mayor audiencia, siguiéndose la lógica implementada en 1976 de incorporar a estos debates a los binomios presidenciales. Esta práctica de debates públicos se amplió en diferentes momentos, alcanzando incluso el período de primarias entre precandidatos del mismo partido.

Las lógicas de los spots publicitarios electorales en televisión se mantiene y perfecciona con el tiempo, aunque no faltan quienes miran atrás y haciendo recorrido por la historia recuperan modelos aplicados en el pasado. En las elecciones legislativas de 2006, el Partido Republicano copió el modelo Daisy Spot, actualizándolo con la figura de que fuera líder de al-Qaeda, Osama Bin Laden (https://www.youtube.com/watch?v=npoOphKorYc).

La falta de ética en la comunicación política pasa a estar al orden del día tanto como los excesos en gastos electorales. En 2001, Michael Bloomberg llegó a la Alcaldía de Nueva York tras haber invertido 73 millones de dólares de su fortuna personal en su campaña, y más de 66 millones en su reelección en 2005. En 1992 entre Bill Clinton y George Bush se gastaron más de 155 millones de dólares en la campaña presidencial y en el año 2000 se habla de 665 millones de dólares entre Al Gore y George W. Bush. En las elecciones de 2008 tan solo Obama llegó a recaudar 750 millones de dólares, y se supone que dicha cifra fue superada por tanto por Obama como por su opositor Mitt Romney en las últimas presidenciales realizadas en 2012. En todo caso, es un hecho que los costes de las campañas electorales en Estados Unidos son cada vez más elevados, todo ello a pesar de las normativas desarrolladas por las cuales se pretende restringir los donativos.

Por otro lado, la incorporación de cada vez mayor número de expertos en materia de comunicación en el ámbito de la política, ha permitido el desarrollo de canales antes impensables para difundir contenidos. El desarrollo del Internet es, evidentemente, una herramienta inigualable pues prácticamente toda la población adulta de Estados Unidos tiene acceso a la red.

Desde 1996 todos los candidatos a la investidura estadounidense tiene páginas web, y desde su primera campaña electoral Obama incorporó las lógicas de Política 2.0 a sus estrategias presidenciales.

Las dos campañas presidenciales que con éxito protagonizó Ronald Reagan han asistido nuevamente al triunfo de las técnicas USP, presentando una imagen casi esquemática de “liberal conservador” y un programa extremadamente simple para ser entendido por la ciudadanía. Esto se materializó en mensajes dedicados a identificar su postura respecto a reducir los impuestos, disminuir la intervención del Gobierno Federal en la economía estadounidense (arranque ideológico del neoliberalismo) salvo en materia de gastos en Defensa, o incluso en sus posiciones respecto a política exterior (https://www.youtube.com/watch?v=NpwdcmjBgNA). En resumen, mediante fuertes dosis de videopolítica y mediatización los estrategas de Reagan -entre ellos Roger Ailes- supieron potenciar su carisma y atractivo personal adquirido en los platós hollywoodenses.

Bill Clinton fue otro candidato a la presidencia de los Estados Unidos que simplificó sumamente el discurso, en este caso ciñéndolo al ámbito de la economía. Recordemos que la frase más famosa de aquella campaña fue: “the economy, stupid!”. La campaña de Clinton demuestra la relevancia del managment profesionalizado de los medios de comunicación, en especial de la televisión, como herramienta para la construcción y corrección de la imagen pública, afianzando su imagen popular y seductora mediante su permanente participación en programas de televisión destinados a audiencias menos politizadas (caso de los talk shows y MTV). Esta técnica sería utilizada también en Europa por Hemult Kohl, Tony Blair y José María Aznar.

En el ámbito de la simplificación del discurso, George W. Bush copió la estrategia de Clinton pero en este caso cambiando el argumento frente a su opositor demócrata Al Gore y posicionando que él no era un “político de Washington” mediante estrategias USP. El arquitecto de sus triunfos electorales en los años 2000 y 2004 fue Karl Rove, quien perteneció al llamado “triángulo de acero” junto a Joe Allbaugh (jefe de Gabinete) y Karen Hughes (jefe de Prensa en la Casa Blanca). Rove, mas allá de ser un apólogo de las “malas artes” en política, las cuales aprendió de la campaña de Nixon impulsada desde las sombras por Ailes, es un referente en estrategias políticas de poco glamour como es el caso del mailing directo. Este modo de comunicar a través de una carta larga que resalta algunos puntos, más que un mensaje rodeado de connotaciones como hace la televisión, fue clave para la campaña de donativos que llevó a cabo Bush hijo. El éxito de este tipo de estrategias consiste en identificar bien al público destinatario de las misivas, más que abarcar universos indiscriminados. Así por ejemplo, se identificaron como potenciales “clientes” a la lista de suscriptores de una revista de inversores en oro de Sudáfrica porque se consideró que serían potenciales donantes republicanos.

Podríamos decir que las claves del éxito de Rove, lo que permitió una victoria contra pronóstico de un personaje políticamente tan gris como George W. Bush, consistió en el desarrollo de los siguientes puntos: tener una visión global que le permitió analizar las variables estadísticas de forma integral (algunos lo comparaban con el jugador de ajedrez Boby Fischer, porque era capaz de ver el tablero completo e ir siempre varias jugadas por delante); conocer la historia, entendiendo que la vida política se apoya con frecuencia en casos históricos; planificar y mejorar constantemente el modelo de toma de decisiones y de ejecución de los planes de acción, aprendiendo a medir todos los aspectos del rendimiento que sean susceptibles de cuantificación; ser el primero en adoptar las nuevas tecnologías y ponerlas al servicio de la política y en el centro de sus estrategias; reducir la distancia entre políticos y votantes, recuperando la relación cara a cara ante momentos de saturación de los mensajes televisivos; presentar los temas con mensajes nuevos y en positivo; crear comunidades de votantes con ideas similares, lo que le permitió reconstruir la imagen del electorado republicano ganándole terreno en Nueva York y California durante la campaña contra Al Gore; cultivar la relación con los donantes importantes del republicanismo; construir una sólida base social, generando una tupida red ciudadana enfocada a organizar actos de campaña; así como presentar una percepción de la realidad en los términos político-lingüísticos mas favorables para su candidato.

En el ámbito de la propaganda negativa sobre sus adversarios, la campaña desarrollada por George Bush padre en el año 1988 contra Michael Dukakis es un modelo de cómo agredir al contrario en una contienda electoral en la cual ninguno de los dos rivales goza de carisma alguno. En ella Bush atacó sistemáticamente a Dukakis acusándolo de haber concedido la libertad bajo palabra a presos que más tarde habían reincidido en la comisión de delitos. Igual volvería a hacer George Bush en el año 1992 contra Bill Clinton, acusándole de haberse zafado del servicio militar en su juventud durante el conflicto bélico en Vietnam e incluso haber consumido marihuana durante su época universitaria. Lo mismo harían las agrupaciones “ciudadanas” favorables a su hijo, George W. Bush, en 2004 contra John Kerry, al que dañaron su imagen poniendo en cuestión que hubiera sido herido durante alguna acción militar en la guerra de Vietnam. El inefable George W. Bush llegaría incluso a introducir imágenes subliminales en un anuncio negativo contra Al Gore utilizando un juego de palabras visuales con términos “democrats” y “burocrats”, donde una imagen insertada durante un cuarto de segundo incluía la palabra “rats” (https://www.youtube.com/watch?v=L6pgoqZpfUU).

Aproximadamente a partir del año 2000 los asesores analistas de medios comienzan a utilizar el costo Gross Raiting Ponit (GRP), es decir, el porcentaje de la teleaudiencia del programa en el que se pauta un spot como técnica para modular su permanencia de emisión. Cada punto GRP viene a representar el porcentaje de audiencia que verá el spot. La mayoría de los consultores políticos aconsejaran a partir de entonces tener un spot al aire entre 400 y 600 GRP. Para ello ha de tenerse en consideración evidentemente la situación en la que se encuentra cada campaña electoral. Su momentum, la tendencia, la saturación del spot del rival y el tiempo que falta para la elección, motivos por los cuales no hay estrictamente una regla fija para esta ecuación.

El impacto de un spot de televisión se determina por el porcentaje de personas que lo recuerda, el porcentaje de personas que registra el mensaje correcto, el número de personas a las que les agrada y el promedio de televidente lo que ven.

La innovación tecnológica en la campaña de Barak Obama en 2008


Con el desarrollo de las nuevas tecnologías, la primera campaña presidencial de Obama en 2008 marca un hito internacional en lo que viene a ser el uso de los NTIC en materia de estrategia electoral.

Basándonos en el desarrollo de la mercadotecnia política, no podía ser más que en Estados Unidos donde se de a luz a uno de los casos políticos más emblemáticos en el desarrollo de estas técnicas. Esta claro que el desarrollo de la publicidad y el mercado a través de los smartphone es cada vez mayor y más diversificado, y aprovechándose de eso, la campaña de Obama basó gran parte de su diseño en el uso de la mobile communication.

Obama se supo vender en su primera campaña electoral a través de la distribución de dos libros de su autoría, “Los sueños de mi padre” y “La audacia de la esperanza”, mediante los cuales narró su historia personal, sensibilizando profundamente a un sector de sus simpatizantes respecto a su pensamiento. Su discurso era básico pero profundo, el primer cambio abordaba el que significaba la llegada de un presidente de origen afroamericano, y lo demás tenía que ver con cambios de fondo, transformar la política nacional y retar al establishment político hasta entonces constituido.

En el marco de las estrategias, tuvo apoyos importantes por parte de profesionales como David Axelrod, Robert Gibbs o David Plouffe, quienes crearon las condiciones e infraestructuras necesarias para generar una motivación social que fue conocida globalmente como “Obamanía”. Una primera fase fue acercar a una parte de sus simpatizantes para transformarlos en electorado fiel y posteriormente captar su confianza para que se convirtieran en agentes activos de su campaña.

Más allá de respetar al votante tipo estadounidense –blanco, clase media o trabajadora, tradicional, religioso y patriota-, se hizo un reconocimiento explícito a la diversidad existente en el país, recibiendo fuerte apoyo de sectores afros e hispanos.

Mediante el despliegue en redes, la campaña de Obama centró una web con su mismo nombre en el eje de la estrategia, difundiendo perfiles Facebook, Twitter y MySpace, así como canales Youtube y creando un Barack TV, dentro de su mismo portal. Todo ello además de un blog, un sitio wap y el posicionamiento de su biografía en Wikipedia. En estas tareas, las aportaciones de profesionales como Sam Graham Felsen (bloguera en jefe para el desarrollo de imagen y contenidos en redes) y Scott Goodstein (responsable de la estrategia SMS) fueron fundamentales. Es el arranque de lo que posteriormente se ha venido en definir la Política 2.0.

A través del desarrollo de ciberactivismo con gran creatividad y calidad, se llegó a los sectores más jóvenes de la población en edad de votar, promoviendo fuertemente la participación juvenil en la campaña, así como vinculando a gentes del arte, música, cine y televisión. La multitud de piezas audiovisuales y musicales que se crearon desde estos entornos fueron de capital importancia estratégica. Además Obama concibió de forma amplia al pueblo estadounidense llegando a dar partes de sus discursos en español y en hebreo.

Entre los adherentes a su campaña, destaca el apoyo recibido desde el movimiento MoveOn.org, el cual se constituyó en base a posiciones contra el intervencionismo en Irak y Afganistán.

En todo caso, la campaña de Obama gozó de las más avanzadas técnicas de branding y marketing digital, generando una dinámica social sin precedentes tanto en recaudación de fondos (750 millones de dólares en algo menos de dos años de campaña activa), mailings a 13 millones de correos electrónicos, suscripciones a mensajes SMS por parte de 4 millones de personas, otros 2 millones de personas crearon sus webs mediante el MyBarackObama.com, construcción de plataformas on-line de diferentes características, y captación de 5 millones de amigos mediante Facebook, MySpace y otras redes.

La campaña diseñada para Obama en las redes abordó temáticas dispares, las cuales fueron desde la crisis económica hasta el rol de la mujer en la sociedad pasando por temas como desigualdad social o racismo entre otros muchos. El marketing convirtió a la campaña en un gran proyecto que tenía mucho que ofrecerle a la gente, y que no quedó constreñida a los medios de comunicación tradicionales.

El rol de Michelle Obama también fue destacable y no se limitó a estar detrás de su compañero sentimental, sino de caminar a su lado dotando sus mensajes de feminidad y fortaleza familiar. En ese aspecto se trabajaron varios de los valores tradicionales que tanto gustan en la sociedad estadounidense, consiguiendo ganarse a sectores anteriormente fieles a los conservadores.

Al trabajar con técnicas amplias de merchandising e info-comerciales, asoció su persona y su proyecto a múltiples imágenes, lo cual caló en el subconsciente de gran parte del electorado. Obama desarrolló una campaña positiva, con creación visual y auditiva, de contención y reacción ante los ataques que le propinaba su adversario republicano John McCain.

En resumen, Obama protagonizó lo que se conoce popularmente como la primera campaña electoral  del siglo XXI, logrando cohesionar perfectamente candidato y mensaje, elementos claves para crear una marca (branding). Su estrategia comunicativa fue simple pero disciplinada, definiendo mensajes claves como “esperanza” (hope) y “cambio” (change we can believe in), conjuntado mediante un slogan de garantía: yes we can.

El uso de las nuevas tecnologías fue innovador y promovió de forma rápida y masiva su candidatura, implicando a sectores jóvenes en la campaña.

Los mensajes de Obama fueron sumamente cuidados. Nunca habló en nombre de los oprimidos o excluidos, pero si planteaba lógicas igualitarias en su discurso, el cual básicamente podemos definir como incluyente.

Obama trabajó fuertemente el “efecto de campaña”, y con la colaboración de Chris Hughes (uno de los creadores de Facebook) consiguió posicionar su nombre como marca de cambio y esperanza.

Es así que la campaña de Obama posiciona por primera vez a las NTCI como herramientas que se disputan de tu a tu su protagonismo con los medios de comunicación tradicionales, especialmente la televisión. La campaña de Obama supo recoger la información que se vertía por las redes, procesarla, y conectarse con la gente, generando así un revolucionario uso de las nuevas tecnologías en la política moderna.

La estrategia de Donald Trump para las presidenciales de noviembre

Terminado el proceso de primarias y pendiente del arranque oficial de la campaña presidencial de noviembre del 2016 en los Estados Unidos, hay diversos tics que permiten entender cual será la estrategia electoral de Donald Trump frente a su rival demócrata Hillary Clinton.

Donald Trump no desarrolla un gran debate político, sino que es él quien se ha convertido en el debate. La estrategia es original y a pesar de los riesgos, ya lo ha convertido en el candidato republicano para la contienda electoral del próximo mes de noviembre. ¿Cómo lo ha hecho? pues de forma sencilla, sus formas y discurso político son explosivos y nadan en el populismo cultural norteamericano más rancio. Trump entiende que toda publicidad es buena y le beneficia, aunque gran parte de ella se sostenga sobre ataques a su figura. Lo cierto es que Donald Trump, con sus formas e ideas grotescas y frases sensacionalistas, ha hecho cenizas a sus rivales precandidatos republicanos y ha sido capaz de sintonizar con una amplia gama de sectores que conforman parte del electorado estadounidense. 

Pendiente de ver que tipo de piezas comunicacionales usará en campaña, parece quedar claro que a modo de discurso se está utilizando una combinación simple de dos circunstancias políticas que se conexionan con eficacia: mensajes en sintonía con el resentimiento racial más atrasado y políticamente reaccionario existente en el país, combinados con mensajes dirigidos a sectores de trabajadores fuertemente golpeados por la crisis y los abusos del capitalismo estadounidense.

Trump está teniendo la capacidad de asociar ambos sectores, incorporando a su electorado más políticamente conservador, los sectores que durante las primarias apoyaron la precandidatura demócrata de Bernie Sanders. Todo ello pese a que Sanders haya hecho público su apoyo a la candidatura de Clinton. En paralelo Trump posiciona a Hillary Clinton como la candidata pro-sistema, la mujer que es apoyada por los del 1% dominante, cosa que por otro lado se ciñe a la realidad.

Es de suponer que su propaganda se articule en línea a los “reality show” que este singular candidato ha ido montado acto tras acto durante las primarias republicanas.

Como ejes discursivos de Trump destaca su propuesta de erradicación de la delincuencia mediante el uso de la “mano dura”, combate a las migraciones irregulares y construcción de un nuevo muro fronterizo, derrotar a ISIS y a cualquier otro enemigo externo de Estados Unidos, “rejuvenecer” la economía cuestionando a las élites que apoyan a Hillary Clinton desde Wall Street y dignificar las condiciones de trabajo y salarios de los trabajadores estadounidenses.

Para muchos analistas se hace impensable ver a Trump en la Casa Blanca, esperemos que sea así, pero en todo caso la irrupción de este personaje en la política estadounidense es ya toda una revolución en materia política difícil de prever hace tan solo un par de años atrás. También es reseñable que este candidato haya sido el primero en la historia de los republicanos en despreciar el emporio mediático de la Fox News, lo que demuestra mucha confianza en sus capacidades de comunicación propias.

Trump es un candidato para un nuevo público. Carece de estrategias para acceder al swing vote o “voto flotante”, no entra en lo que fue la habitual disputa por el voto centrista entre demócratas y republicanos. Lo que Trump pretende es activar un voto que hasta ahora apenas votaba y que es difícil de encasillar tan solo como un sector ultra reaccionario de la extrema derecha. De hecho hay varios dirigentes sindicales que han reconocido las simpatías que Trump despierta entre sus afiliados.

El fenómeno Trump no tiene más explicación que la situación de crisis y desencanto que se vive en los Estados Unidos en la actualidad. En resumen, allá también se vive el cansancio respecto a la vieja política, aunque en este caso se exprese de forma tan sorprendente.






domingo, 31 de julio de 2016

Ecuador y sus nubarrones en el horizonte

Por Decio Machado
En Revista Contra / Tiempos

 
Desde hace aproximadamente unos tres meses todo el ámbito de lo político en Ecuador quedó constreñido a las lógicas derivadas de la próxima disputa electoralista. Aunque la campaña electoral oficialmente no comenzó, no hay política pública, propaganda institucional, declaración proveniente de la casta funcionarial o de los espacios opositores, así como posicionamiento de información en los medios de comunicación con otro objetivo que los intereses confrontados dentro del tablero de juego electoral.

La oposición conservadora

Desde las filas de la oposición conservadora hemos asistido al posicionamiento de diversos precandidatos presidenciales. Unos lo hicieron ya el pasado año, como fue el caso del caricaturesco Álvaro Novoa (Adelante Ecuatoriano Adelante) quien se precandidatizó en noviembre o el de Dalo Buracám (Fuerza Ecuador) quien lo hiciera un mes después. Otros lo harían más recientemente, como es el caso de Andrés Páez, uno de los sepultureros de la recién resucitada Izquierda Democrática quien en la actualidad es posiblemente el asambleísta con el discurso más facistoide del Ecuador, auspiciado por un grupo de sus amigos de la Shyris por él mismo movilizados y que coyunturalmente se autodenominaron Ciudadanos Unidos; de igual manera este último mes también se postuló Lucio Gutiérrez, este al menos con el apoyo de su partido político (Sociedad Patriótica) tras su última convención en Quito.

Separando la paja del grano, lo único que tiene interés entre las recientes precandidaturas en el ámbito conservador es la de Cynthia Viteri (Partido Social Cristiano), quien posicionada en el tablero electoral por su mentor Jaime Nebot, seguramente será la ficha que permita una negociación entre las derechas. La estrategia consistiría en inflar en intención de voto la candidatura socialcristiana, para en octubre o noviembre sentar a Guillermo Lasso -quien desarrolla una campaña permanente desde el año 2011- a negociar la estrategia política y la conformación de listas de una oposición posiblemente unificada. A pesar del ruido, el magnate banquero de CREO parece que se consolida como el principal candidato conservador aunque tendrá que pasar por taquilla, sometiéndose a acuerdos con la tradicional derecha guayaquileña y menor medida con sus partners quiteños de SUMA. Estos últimos no presentan precandidato presidencial al tener atado a Mauricio Rodas a la Alcaldía de Quito, pero evidentemente tienen interés en calentar curules en la próxima Asamblea Nacional.

Como indicamos con anterioridad, Guillermo Lasso y su plataforma política CREO, no han dejado de hacer campaña desde las pasadas elecciones presidenciales, mejorando en algo su mercadotecnia política desde aquel vergonzoso “honoris causa” recibido de manos de Carlos Larreategui –rector de la UDLA- junto al ex presidente español José María Aznar en el año 2011, la publicación dos “infumables” libros entre los años 2011 y 2012, y el desarrollo de una fuerte campaña mediática del Banco del Barrio cuyo sospecho lema decía “Lo mejor está por venir”, mientras algunos de sus ejecutivos de cuentas se justificaban en voz baja ante el gremio diciendo que hacer negocios con los pobres no es pecado.

En la actualidad, la estrategia de campaña de Guillermo Lasso es tan simple y limitada como su mismo discurso: la estructura Compromiso Ecuador (herramienta electoral de Lasso) engorda al mismo tiempo que se van desmembrando las alianzas que el oficialismo tenía articulado con lo que ellos mismos definen como “híbridos”, organizaciones políticas locales que en una lógica clientelar han mantenido -mientras había plata en el Gobierno Nacional- alianzas políticas con Alianza PAIS (el mercado persa está abierto en este momento y en él todo se compra y se vende); en paralelo y apoyado por gran parte del aparato mediático privado, la estrategia conservadora no consiste en convencer a la ciudadanía de una propuesta, programa o plan de gobierno para salir de la crisis, sino tan solo en acumular de los errores tácticos y estratégicos del oficialismo, los cuales últimamente son muchos, esperando además que el paulatino y acelerado deterioro económico que vive el país juegue a su favor en febrero.

Una estrategia simplista para un candidato con muchos déficits políticos: bajo lo anteriormente expuesto, el objetivo de CREO consiste en llegar a la segunda vuelta y allá sumar el conjunto del voto descontento con actual régimen político. Como se indicaba, una estrategia simple pero que en la coyuntura actual puede llegar a ser resultona.

Entre todos los demás liderazgos conservadores, Dalo Bucaram podría ser la única figura de interés que pudiera no incorporarse a una lógica de unidad. El hijo de Abdalá Bucaram tiene una estrategia electoral propia que puede darle algunos curules procedentes de la región Costa en la próxima Asamblea Nacional, lo cual explicaría como en la actualidad tiene, por poner tan solo un ejemplo, más seguidores en una red social utilizada por políticos como es twitter que el propio Guillermo Lasso, Lenin Moreno o Jorge Glas.

La oposición de izquierdas

Las izquierdas políticas, más allá del discurso de denuncia sobre la deriva autoritaria del régimen correísta, parecen ofrecer poco como alternativa política a la sociedad ecuatoriana. Para unas familias y estructuras políticas que no son capaces de concebirse fuera del ámbito electoral, la situación anterior está conllevando una alarmante desorientación política que posiblemente en esta ocasión les volverá a pasar factura.

Lo mencionado con anterioridad se evidencia en la manera en la que se han presentado las múltiples precandidaturas actualmente existentes en el ámbito de las izquierdas, y que se diferencian muy poco en sus formas de las utilizadas en el mundo conservador.

Es así que varias de estas candidaturas han sido auspiciadas mediante las redes sociales de twitter (usado por tan solo el 0,7% de la población) y con escasa participación de la sociedad civil y de lo que queda de tejido social organizado.

La lista de precandidatos es larga: cinco al menos al interior del Pachakutik (pendiente de determinarse el nombre final que propondrá esta formación política), algún otro proveniente del mundo sindical, el inefable Paúl Carrasco quien busca alianzas políticas sin definición de criterios, la figura académica de Enrique Ayala Mora, el ya habitual precandidato Lenin Hurtado y el forzado a candidatizarse Paco Moncayo. Al igual que los conservadores, la mayoría de estos casos tan solo son candidaturas de posicionamiento para las futuras listas que se disputarán los curules de la Asamblea Nacional. En el fondo, todos estos actores son conscientes de que posiblemente terminarán pactando con la oposición conservadora, conformando un bloque opositor “a la venezolana” que dividirá o concentrará sus listas en función del interés estratégico según el número de curules derivados de cada provincia (en los territorios de donde se extraigan pocos asambleístas se concentrarán y en los territorios con mayor concentración de curules posiblemente se diferencien únicamente por un interés estratégico). Es un hecho que el propio término “descorreizar”, de máxima actualidad en el discurso político nacional y que fue acuñado desde la izquierda, hoy es el punto de encuentro entre sectores progresistas y conservadores, además de articular el grueso del actual discurso de Guillermo Lasso. En Ecuador tomó vigencia aquella aseveración realizada por el novelista inglés Aldous Huxley en la cual se afirmaba que “cuanto más siniestros son los designios de un político más estentórea se hace la nobleza de su lenguaje”.

El resultado de tal estrategia genera confusión en la sociedad ecuatoriana y la falta de discurso claro posiblemente terminará pasando su factura tanto en las elecciones de febrero como durante la próxima legislatura. Su precio posiblemente no será otro que una pérdida aún mayor de credibilidad por parte de sus mentores. En los sectores más concientizados de la sociedad, lamentablemente no son muchos, es un sentir generalizado la necesidad de reconstruir otra izquierda, aunque está por verse si durante la próxima legislatura –la cual comenzará sumergida en una agudizada crisis económica- realmente se articula una nueva generación política capaz de ocupar el espacio de la actualmente existente.

Las últimas bocanadas del correísmo

En estos momentos el nivel de conflicto a lo interno de Alianza PAIS es mayor que nunca. La nueva casta política oficialista es consciente de que ya no hay sitio para todos y entre ellos conflictúan por posicionarse lo mejor posible dentro de lo que será una merma de su “buen vivir”.

El mejor situado socialmente para el delfinazgo es Lenin Moreno, aunque el exvicepresidente no goce en este momento de la confianza del "number one". Los riesgos que se conciben –reales o no- sobre la figura de Moreno es que termine encarnando un rol similar al que desarrolló Juan Manuel Santos respecto a Álvaro Uribe. La forma cómo el actual Canciller de la República y algunos otros voceros del oficialismo han hecho defensa del salario de Lenin Moreno en Ginebra, salario que por otro lado es un flaco frente por donde atacarle al precandidato de Alianza PAIS, es lo suficientemente significativo como para entender que determinados sectores del oficialismo más que justificarle, lo que buscaban era golpear su figura en el marco de las competencias actualmente existente al interior del partido de gobierno. El propio posicionamiento de Ricardo Patiño en el Ministerio de Defensa –principal valedor de Moreno en la próxima convención nacional de Alianza PAIS-, conscientes de la resistencia que su figura encarnaría al interior de la institución militar, sería otra demostración de cómo se busca desde lo interno deteriorar el frente morenista.

El candidato ideal de la mayoría del consejo de ministros ecuatoriano parece ser Jorge Glas, la campaña de posicionamiento realizada desde la propaganda gubernamental así lo demostraría. Sin embargo, a pesar de que su intención de voto poco a poco crece a costa de la inversión publicitaria estatal, su figura como posible jefe de Estado sigue siendo poco seductora para la sociedad ecuatoriana. La estrategia oficialista debería consistir en plasmar una imagen de cambio dentro de la continuidad, y evidentemente Glas no tiene el perfil para encarnar tal posibilidad.

Sea uno u otro el candidato, o sea quienes fueren los binomios elegidos por el oficialismo (algunos de los nombres que figuran en sus ternas son tan débiles políticamente como el de Vinicio Alvarado, Gabriela Rivadeneira o José Serrano entre otros), el correísmo –tal y como lo conocemos- posiblemente no tendrá continuidad sin la figura del Rafael Correa en el sillón presidencial del Palacio de Carondelet.

Ecuador se aboca a una transición política tras una década de gobiernos correístas, hoy por momentos cada vez más debilitados fruto de la crisis económica,  que puede ser abrupta si gana la oposición o más mesurada en el caso de que exista continuidad verdeflex en el gobierno.

Si Alianza PAIS gana las próximas elecciones, posibilidad nada desdeñable dada las carencias existentes en los políticos opositores, es fácil que asistamos a un circo mediático por el cual sean purgados algunos casos de corrupción institucional –buscando un lavado de cara político pero lejos de significar catarsis alguna en la lógica política a la que llevamos asistiendo desde hace décadas- entremezclado con cierto aperturismo político y redimensionamiento del Estado buscando la reconciliación con determinados sectores del capital nacional y por ende también con todo un grupo de selectos medios de comunicación nacionales y extranjeros.  Todo lo referente a pactos éticos y demás elementos que pudieran ser situados en el entorno de las elecciones del próximo mes de febrero, se contextualizan tan solo en el plano estratégico electoral, carecen de profundidad política, son meros envolventes sin capacidad de transformar la política ecuatoriana.

Una salida de la crisis donde pagarán los de siempre

Febrero pasará y con ellas las elecciones presidenciales y legislativas. El arco de opciones electorales al momento es el que es y no da para mucho más. Citando a Pablo Neruda, todo somos libres de hacer nuestras elecciones pero prisioneros, al fin y al cabo, de sus consecuencias.

A priori, todo apunta a que sea cual fuere la sensibilidad política del próximo gobierno, se tratará de un gobierno débil con una Asamblea Nacional de composición diversa donde no existirán las mayorías absolutas de antaño ni tampoco el más mínimo atisbo de ilusión por parte de la sociedad ecuatoriana. De existir una bancada con un discurso político claramente diferenciado de las demás, habría posibilidades estratégicas –incluso desde este mismo marco institucional- como para la construcción de una alternativa política que se fuera consolidando con ciertos márgenes de credibilidad social, pero eso parece difícil de vislumbrarse en estos momentos. Asistimos a un momento de “política tuerta”, donde las vocerías políticas con independencia de la familia de la que provienen tan solo ven la parte de la realidad, la parte que personalmente más les interesa.

Ecuador necesita regenerar su democracia; los índices de aprobación de la Asamblea Nacional se sitúan en la actualidad por debajo de la media latinoamericana, la cual ya de por sí es muy baja (entorno al 30%), y la mayoría absoluta de la que ha gozado el correísmo durante estos años le ha hecho mucho daño a la institucionalidad política del país; los mercados nacionales siguen sin democratizarse y manteniéndose como semi-monopólicos; la relación costo/beneficio de varios de los mega-proyectos acometidos por el correísmo mientras hubo plata para hacerlo están en discusión; la independencia judicial y la autonomía de los órganos de control es deficitaria; la falta de liquidez gubernamental afecta a los pagos a proveedores y extiende por toda la economía nacional implicando a la cadena de pagos de las empresas auxiliares; no hay confianza en la economía nacional y por lo tanto no hay inversión fluida; la balanza comercial tras años de discurso sobre diversificación de exportaciones y cambio de matriz productiva continúa siendo negativa; el peso de la deuda pública (nacional y externa) es cada vez mayor y el conservadurismo consiguió socialmente cuajar el discurso de que el modelo de regulación de mercados ha fracasado, cuando lo que realmente ha fracasado ha sido la gestión gubernamental.

La política fundamentalmente es una batalla por el sentido, pero el nivel de indecisos que muestran el conjunto de encuestas sobre intención de voto para las próximas elecciones presidenciales, viene a demostrar que no hay partido político en estos momentos que le de sentido a la política nacional. El voto de febrero será, tanto para el oficialismo como para la oposición, un voto prestado, sin convencimiento, entusiasmo o fidelidad. En pocas palabras, el país está abocado a una crisis de representatividad política institucional y a los efectos que de ello derivaran.

 El eje del debate político actual que realmente le preocupa a la sociedad ecuatoriana es quien nos saca de la crisis y de que manera se sale de ella. Sin embargo los discursos políticos al respecto, provengan de donde provengan, son extremadamente deficientes.

Mientras la oposición conservadora nos habla de liberalización de los mercados, eliminación de aranceles y alivio impositivo para el sector empresarial con el fin de crear empleo –como si el peso impositivo en Ecuador estuviera sobre las empresas…-; el régimen decidió utilizar la táctica de que los hechos dejan de existir si a estos se les ignora. De ahí deviene la negación de una crisis económica que día tras día sufre con más profundidad la sociedad ecuatoriana.

La verdadera discusión, la que no afronta nadie de forma convincente, es sobre quien recaerá el peso de la salida de crisis. En este sentido ya vamos viendo cuales son las medidas gubernamentales al respecto: subida masiva de impuestos a la sociedad, especialmente determinado por la subida del IVA –el impuesto más regresivo que existe pero el más inmediato y fácil de cobrar-; la devolución al sistema financiero privado de sus privilegios respecto al cobro desproporcionado de tarifas y gastos financieros a sus clientes; la puesta en marcha de la privatización de activos públicos que fueron previamente saneados o construidos con el erario público; la profundización de la flexibilización laboral; y, el desarrollo de cada vez mayor excepcionalidad fiscal para las empresas extranjeras que inviertan en el país. En resumen, hay pocas diferencias entre lo que en la actualidad está haciendo el gobierno y lo que aplicarían los principales partidos de oposición aunque sus voceros no lo digan abiertamente.

La salida de la crisis está siendo paulatinamente cargada sobre las espaldas de los sectores más vulnerables de la sociedad. A modo de distracción, el gobierno generó un debate nacional sobre la indiscutible inmoralidad de las sociedades offshore, cuando los únicos que tienen sociedades en paraísos fiscales son determinados funcionarios públicos y las élites que históricamente dominan económicamente el país, pero se no plantean públicamente cuales son las estrategias destinadas a proteger a los pequeños y medianos negocios y sus cobros en la actual situación de deterioro económica que vive Ecuador. De igual manera se ignora intencionadamente el abordaje de temas prioritarios como la pérdida de capacidad adquisitiva que en estos momento sufren las y los ecuatorianos en general, al igual que tampoco se plantean políticas públicas destinadas a proteger los salarios más  bajos (el salario de un asambleísta ecuatoriano es 14 veces superior al salario básico y unas 8 veces superior al ingreso medio de una familia ecuatoriana), mientras se camuflan con indicadores devenidos de la economía informal el creciente desempleo existente en el país y el incremento de la pobreza por ingresos especialmente en áreas rurales.

El 1% de la población ecuatoriana ha concentrado durante el régimen correísta aún más riqueza de la que ya tenía, y 1‰ no puede estar más satisfecho de cómo le han ido las finanzas durante el período de dinamización de la economía por parte del Estado, pero llegado el momento de las vacas flacas unos y otros le ha dejado claro al gobierno que no está dentro de su lógicas el arrimar el hombro. No serán los que más ganaron en época de bonanza quienes ahora carguen con el peso de la crisis.

¿Es igual entonces por quien votar en febrero del próximo año? Posiblemente no, pero para los sectores más concienciados de la sociedad debería quedar claro que las soluciones que necesita el país no se articularán fruto de la política institucional en este momento.

El legado correísta

Ya en su ocaso, el correísmo se encarna como un proceso de modernización generalizada que vivió el Ecuador que siguió al hundimiento de su viejo sistema de partidos. Al igual que otros procesos progresistas de la región, significó el fortalecimiento/reposicionamiento del Estado, la aplicación de políticas compensatorias como eje de las nuevas gobernabilidades, la consolidación del modelo extractivo de producción y exportación de commodities como base de la economía y la realización de grandes obras de infraestructuras.

Su explendor se plasma durante los años de bonanza económica, coincidente con el período que conocemos en América Latina como el “boom de los precios de los commodities”, determinado principalmente por cierta democratización del acceso al consumo para los sectores históricamente excluidos. Con el advenimiento de la crisis económica, acelerada por la abrupta caída de los precios del crudo en el mercado global, el correísmo deja en evidencia que todo lo construido durante estos ya casi diez años de gobierno resultó demasiado frágil y sustentado bajo lógicas de economía fácil.

Algunas de sus políticas pretendieron ser innovadoras dentro de los países que componen el Sur global, si bien en muchos de los casos han sido las formas soeces de cómo aplicarlas las que las han llevado a su fracaso. Ejemplo de ello son las reformas educativas, la universalización de la salud pública o determinadas medidas en materia de recuperación de la soberanía nacional.

El correísmo, al igual también que otros regímenes definidos como popularmente como “progresistas”, nunca cuestionó el modelo de producción heredado del neoliberalismo ni su forma de organización del trabajo. Esto le llevó a fuertes disputas con las organizaciones sociales que no entraron en su forma de hacer política clientelar, ignorando que la principal fuerza productiva está constituida por los propios productores, y perdiendo a la postre el pulso se había trazado con las instituciones de Bretton Woods y lógicas neo-desarrollistas implementadas desde el Banco Mundial.

Durante este período de gobierno autodefinido propagandísticamente como “revolución ciudadana”, el correísmo construyó una nueva élite tecnoburocrática bajo el discurso de la reinstitucionalización del Estado en un nuevo período posneoliberal. El período de bonanza económica permitió el incremento de subsidios y la mejora de la capacidad adquisitiva de las y los trabajadores, llegándose incluso a obtener interesantes indicadores en el marco de la lucha contra la pobreza, lo que durante un período de tiempo conllevó a que se reforzase la percepción en la sociedad de que vivíamos un proceso de cambios y se acumulasen réditos electorales. Sin embargo, la debilidad ideológica del correísmo –con un claro desencuentro entre el discurso y su praxis- no permitió que se actuase sobre los problemas estructurales de la desigualdad en el país, lo que implica en estos momentos que todas estas conquistas sociales estén en franco deterioro. La política social del correísmo sirvió para consolidar durante un tiempo el modelo de consumo del social desarrollismo ecuatoriano, consistente en promover la transición de una sociedad oligárquica hacia una sociedad de consumo de masas a través del acceso al sistema financiero. Así, asistimos a un proceso de financierización acelerada que permitió cierta expansión de la sociedad de mercado, pero terminado el período de bonanza que configuró grandes beneficios para la banca, nos encontramos ahora que este tipo de políticas llevaron a un fuerte endeudamiento de las clases populares, especialmente de sus sectores más empobrecidos, lo que en la actualidad está conllevando a un crecimiento paulatino de los índices de morosidad en los créditos al consumo.

En el ámbito de lo social, la construcción de lo que el correísmo consideró como un “Estado fuerte” –subordinación de la sociedad a la disciplina y al control del poder institucional- actuó en decremento del empoderamiento desarrollado por la sociedad civil durante la década de resistencia al neoliberalismo. La captación de una gran parte de la vieja dirigencia social, sumada a la división intencionada de las organizaciones que componían el tejido social organizado en el país, deja en la actualidad una gran debilidad en los movimientos sociales frente a las fuertes luchas que se avecinan por la defensa de las conquistas sociales anteriormente adquiridas.

La polarización entre defensores y detractores del régimen, estrategia implementada desde el frente político del gobierno correísta al no entender el derecho a la disidencia, alcanza a todos los sectores de organización social no gubernamental existente. Así, estas rupturas se transversalizan desde las organizaciones de padres y madres de alumnos en los colegios hasta las organizaciones sindicales, pasando por gremios de productores, organizaciones estudiantiles, asociaciones vecinales o incluso de hacker activistas. El correísmo llegó al poder invocando al pueblo y llamándolo a la construcción de una “patria nueva”, pero luego ya en el poder le dijeron al pueblo que se fueran a su casa que ellos gestionarían el proceso, uno porque ellos son los cualificados y no la plebe y dos porque les dio miedo, a pesar de su discurso laclauniano, la irrupción en la política de lo plebeyo.

En definitiva, llegado el momento de los tiempos duros, el correísmo suspendió su examen de reválida, y al igual que lo hacen los malos estudiantes, está teniendo que justificar en la actualidad dicho suspenso con dialécticas que hacen referencia a que el examen era muy difícil: vivimos una crisis devenida de una “tormenta perfecta” o incluso con aberraciones mesiánicas del tipo de “gracias a nuestra gestión el impacto de la crisis no ha sido todo lo malo que podría podido llegar a ser…”.

En síntesis, la historia reciente del Ecuador le da la razón al dramaturgo irlandés Oscar Wilde cuando aseveró aquello de que “cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios son los discursos”.